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CONCURSO LITERARIO
PRÓLOGO
EL SOLDADO
ALMA
GEMELA
LA ESTATUA
Dímelo,
mi bien amada
¿si tal
vez lo presentías
que en
la ruta de tu vida
con mi
amor te encontrarías?
Sin
pensar en la tardanza
ni hacia
dónde iría a buscarte,
siempre
tuve la confianza
en que
había de encontrarte.
Cuando
pude yo admirar
en los
lagos de tu ojos
la
ternura retratar,
supe que
no estabas lejos.
Al
llegar a conocer
que eres
todo gentileza,
sentí al
punto florecer
en mi
vida la esperanza.
Y al
tenerte aquí presente,
tu
cariño me revela
que en
tu corazón amante
encontré
mi alma gemela.

REMEMBRANZA
(soneto)
Si vuelvo la mirada a mi pasado,
te siento junto a mí, dulce embeleso,
en tus labios imprimo un ígneo beso
y contemplo tus ojos arrobado.
En mi pecho palpita acelerado
un amante corazón por siempre preso
en la férvida ilusión de tu regreso,
que te añora y persiste enamorado.
Eludiendo, en mi dicha, dar mil gritos
mi voz, tenue, se desliza hasta tu oído
y rendida preconiza tus encantos.
Sigue siendo de ti mis pensamientos;
pues el tiempo y la distancia no han podido
apartar de ti mis sentimientos.
DUBETH
Si pudiese
decirte yo, sobrina,
lo que sufro
al verte así impedida
de instalar en
el cielo de tu dicha
los ensueños
de tu alma cristalina.
Quisiera
contemplarte yo, sobrina,
pues, mediante
una cura milagrosa,
¡imitando a la
ufana mariposa,
Deslizando
cual ágil golondrina!
No permitas
que la álgida quietud,
que impávido
te ofrece el destino,
ensombrezca tu
bella juventud.
Si gracias a
tu clara inteligencia
tomaste
resignada tu camino,
sigue por él
con singular paciencia.

LA MUERTE NO
ES EL FIN
Igual que las
hojas secas
arrancadas por
el viento,
se irán mis
horas de aliento
absorbidas por
las parcas.
Queda lejos mi
niñez.
Si juventud
hoy respiro,
al exhalar un
suspiro
me llegará la
vejez.
Y luego la
senectud,
en su trágica
función,
amputará mi
razón,
quebrantará mi
salud.
En el polvo
del olvido
mi nombre
terminará
y a nadir le
importará
una sombra que
se ha ido.
Mas la muerte
no es el fin
ni es viejo
quien llega a viejo
si en sus
huellas hay hijo
que dilata su
con fin.
¡Está
palpitando aquel
que es el
fruto de mi ser!
¡Qué me
importa fenecer
ya que sigo
vivo en él!

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PERFUME
DE ROSAS
Al despuntar la
mañana,
transportado por la brisa,
el aroma de las rosas
se filtró por mi ventana.
Aquel saludo divino
acarició mis sentidos
que yacían suspendidos
cual guijarros del camino.
Las tinieblas de mí mente
depusieron su presencia
ante la real inminencia
de un despertar sonriente.
Mis ojos en su alegría,
buscaban con persistencia,
sin detectar la presencia
que mi olfato percibía.
Su perfume halagador
en su esencia me envolvía,
y a mi alma sometía
con su abrazo embriagador.
Y ni espíritu sediento,
anhelante de emoción
bebió lleno de efusión
el almíbar de su aliento.

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